SEVILLA, ESPAÑA: Rafael Nadal tiene actitudes que lo distinguen. Cuando ganó el mejor punto de su partido ante Juan Mónaco, antes de festejarlo, se preocupó por su rival y amigo, que había quedado tirado en el suelo al trastabillarse. Al salir de la pista, si bien no tenía tiempo para sacarse fotos con los que se habían acercado a pedirle, se deshizo en disculpas mientras se retiraba con la custodia.
Después de la ducha, y mientras David Ferrer y Juan Martín del Potro ingresaban al estadio, Nadal eligió ir al vestuario argentino para consolar a Mónaco.
“Jugaste un huevo (en uso argentino, “jugaste demasiado bien”)”, le dijo Mónaco al verlo. “Sí, no fallé una”, asintió Nadal.
Nadal y el equipo argentino, excepto Del Potro y el capitán Tito Vázquez, permanecieron en el vestuario visitante durante los primeros juegos del segundo punto. Por unos minutos, Rafa y su combinado rival lo vieron por televisión. Más tarde llegó el turno de separarse: Rafa fue a su banco y se convirtió en el hincha Nº 1 de los españoles, vibrando en cada punto que ganaba Ferrer. Un espectáculo aparte que dejó la primera jornada de la final en Sevilla.
Moyá y los cantitos argentinos
El Rey Juan Carlos, la Duquesa de Alba… La Cartuja no sólo presentaba personajes con título nobiliario, sino también famosos del mundillo de la raqueta, como por ejemplo Carlos Moyá, quien llegó acompañado de su esposa Carolina Cerezuela.
Sentado en un costado, primera fila, cerca de los fotógrafos y los encargados del sonido del estadio, Moyá disfrutó de la exhibición de Rafa, sufrió el segundo punto de David Ferrer y elogió la potencia de Del Potro en los comentarios durante el partido junto con su amigo y también ex tenista Roberto Carretero.
En un momento, el duelo de hinchadas se tornó más intenso: el “himno” preparado especialmente para la serie (“Yo te quiero dar, Sevilla, mi corazón”, paradójicamente sobre la base de una canción de un grupo argentino, La Mosca) retumbó por los parlantes, mientras que otros hinchas locales regresaban a los viejos éxitos como “Yo soy español”, “El partido (pausa) lo vamos a ganar” o el “A por ellos”.
La hinchada argentina contestó con su clásico “Vamos, vamos, Argentina, vamos, vamos a ganar, que esta barra…”. En ese momento, Moyá miró a los fanáticos argentinos que tenía del otro lado de la tribuna y en sus labios pudo leerse el final de la canción: “…quilombera, no te deja, no te deja de alentar”.
No piensen que Charly se pasó de bando. Fue un acto reflejo, por su buena relación con el país sudamericano. Más tarde, el mallorquín vibró con la victoria de Ferrer, y se retiró contento de La Cartuja, allí donde ganó la Copa Davis en 2004.
La emoción de Nalbandian
En la recta final de su carrera, observamos a un David Nalbandian más sensible. En la ceremonia de apertura, con los jugadores formados en la mitad de la pista, los 5.000 hinchas argentinos coreando el himno nacional, el Rey David dejó escapar unas lágrimas. A la vez sonreía, disfrutaba de los momentos únicos que envuelve su tercera final de Copa Davis.
Estandarte del equipo de Copa Davis de su país, Nalbandian volverá a la actividad oficial este sábado, después de recuperase de una lesión en el bíceps femoral de la pierna izquierda. Como en la ceremonia del himno, Eduardo Schwank estará a su lado.